Viernes santo, Jesús muere en la cruz

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¿Quién lo puede entender?

¿Cómo podría imaginar que me amaba tanto? Al verlo ensangretado, desgarrada su carne, amoratado por los golpes, pasando por la muerte para que yo viva, decido dejar mi vida en sus manos porque ¿quién me ama tanto como Él?

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Jesús en la cruz

 

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Jesús clavado el la cruz me dice: “Soy un hombre, soy de la raza humana y, aunque soy Dios, sufro como cualquier hombre en mi sitio, añadiendo al dolor que Yo soy el gran Inocente, condenado a muerte por el pecado del mundo. Hoy se abrirá el cielo por primera vez para la humanidad ¿quiém lo diría viéndome colgado de la cruz? ¿quién se podría imaginar que la historuia humana estaba cambiando? Hoy el cielo y la tierra se reconcilian después de muchos siglos.

Miro la cruz, Jesús está lleno de fe en el Padre, como hombre no entiende (Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Mt 27, 46)) pero su corazón sabe que es necesario y que el Padre cambiará todo por algo mejo. Está lleno de esperanza porque sabe que lo que viene es mejor y, sobre todo, está lleno de caridad: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.

Jesús en la cruz, Maestro de maestros,Amor entregado a mí. Amén.

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EL PAPA FRANCISCO NOS EXPLICA CÓMO REZAR

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La oración es una lucha con Dios que debe librarse con libertad e insistencia, como un diálogo sincero con un amigo. Esta oración cambia nuestro corazón, porque nos hace conocer mejor cómo es Dios realmente. Es cuanto dijo en síntesis el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta.
El Pontífice centró su homilía en el diálogo de Moisés con Dios en el Monte Sinaí. Dios quiere castigar a su pueblo, porque se ha hecho un ídolo, el becerro de oro. Moisés reza con fuerza al Señor para que cambie de idea: “Esta oración – explicó Francisco – es una verdadera lucha con Dios. Una lucha del jefe del pueblo para salvar a su pueblo, que es el pueblo de Dios.
Y Moisés habla libremente ante el Señor y nos enseña cómo rezar, sin miedo, libremente, y también con insistencia. Moisés insiste. Es valeroso. La oración también debe ser “negociar con Dios”, llevando “argumentaciones”. Moisés, al final, convence a Dios y la lectura dice que “el Señor se arrepintió del mal que había amenazado hacer a su pueblo”. Y el Papa se preguntó: “¿Pero, quién ha cambiado a quién? ¿Cambié el Señor? Yo credo que no”. Y dijo:
“El que cambió fue Moisés, porque Moisés creía que el Señor habría hecho esto, creía que el Señor habría destruido al pueblo, y recuerda qué bueno había sido el Señor con su pueblo, cómo lo había liberado de la esclavitud de Egipto y conducido con una promesa. Y con estas argumentaciones, trata de convencer a Dios, pero en este proceso él vuelve a encontrar la memoria de su pueblo, y encuentra la misericordia de Dios. Moisés, que tenía miedo, miedo de que Dios hiciera esto, al final desciende del monte con algo grande en su corazón: nuestro Dios es misericordioso. Sabe perdonar. Vuelve sobre sus decisiones. Es un Padre”.

Todo esto – observó el Papa – Moisés lo sabía, “pero lo sabía más o menos oscuramente y en la oración lo reencuentra. Esto es lo que hace la oración en nosotros: nos cambia el corazón”:
“La oración nos cambia el corazón. Nos hace comprender mejor cómo es nuestro Dios. Pero para esto es importante hablar con el Señor, no con palabras vacías. Jesús dice: ‘Como hacen los paganos. No, no: hablar con la realidad: ‘Pero, mira, Señor, que tengo este problema, en la familia, con mi hijo, con este, con el otro… ¿Qué se puede hacer? ¡Pero mira que tú no me puedes dejar así!’. ¡Ésta es la oración! ¿Pero tanto tiempo lleva esta oración? Sí, lleva tiempo”.

Es el tiempo que necesitamos para conocer mejor a Dios, como se hace con un amigo, porque Moisés – dice la Biblia – rezaba con el Señor como un amigo habla a otro amigo:
“La Biblia dice que Moisés hablaba cara a cara con el Señor, como con un amigo. Así debe ser la oración: libre, insistente, con argumentaciones. Y también reprochando un poco al Señor: ‘Pero, tú me has prometido esto, y esto no lo has hecho…’, así, como se habla con un amigo. Abrir el corazón a esta oración. Moisés bajó del monte fortalecido: ‘He conocido más al Señor’, y con esa fuerza que le había dado la oración, retoma su trabajo de conducir al pueblo hacia la Tierra prometida. Porque la oración fortalece: fortalece. Que el Señor nos dé a todos nosotros la gracia, porque rezar es una gracia”.

“En toda oración – recordó también el Santo Padre – está el Espíritu Santo”, “no se puede rezar sin el Espíritu Santo. Es Él quien reza en nosotros, es Él quien nos cambia el corazón, es Él quien nos enseña a llamar a Dios ‘Padre’. Pidamos al Espíritu Santo – concluyó Francisco su homilía – que Él nos enseñe a rezar, sí, como ha rezado Moisés, a negociar con Dios, con libertad de espíritu, con coraje. Y que el Espíritu Santo, que siempre está presente en nuestra oración, nos conduzca por este camino”.
(María Fernanda Bernasconi – RV).

(De la homilía del Papa Francisco el jueves en Santa Marta, http://bit.ly/PqQtAZ)

 

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El que se humilla será ensalzado

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No creo que haya nadie que necesite tanto de la ayuda y gracia de Dios como yo. A veces me siento impotente y débil. Creo que por eso Dios me utiliza. Puesto que no puedo fiarme de mis fuerzas, me fío de Él las veinticuatro horas del día. Y si el día tuviera más horas más necesitaría su ayuda y la gracia. Todos debemos aferrarnos de Dios a través de la oración. Mi secreto es muy sencillo: La oración. Mediante la oración me uno en el amor con Cristo. Comprendo que orarle es amarlo…

La gente está hambrienta de la palabra de Dios para que les dé paz, unidad y alegría. Pero no se puede dar lo que no se tiene, por lo que es necesario intensificar la vida de oración.

Sé sincero en tus oraciones. La sinceridad es humildad y ésta solo se consigue aceptando las humillaciones. Todo lo que se ha dicho y hemos leído sobre la humildad no es suficiente para enseñarnos la humildad. La humildad solo se aprende aceptando las humillaciones, a las que nos enfrentamos durante toda la vida. Y la mayor de ellas es saber que uno no es nada. Este conocimiento se adquiere cuando uno se enfrenta a Dios en la oración. Por lo general, una profunda y ferviente mirada a Cristo es la mejor oración: yo le miro y Él me mira. Y en el momento en que te encuentras con Él cara a cara adviertes sin poderlo evitar que no eres nada, que no tienes nada.

Beata Teresa de Calcuta
El amor más grande

 

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Jesús y las mujeres

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Llama la atención la manera tan delicada con que trataba el Señor a las mujeres. Hay multitud de detalles en los Evangelios que nos dan idea de la normalidad con la que Jesús empleaba ese trato, sin caer en la frivolidad o las distancias innecesarias, reconociendo la dignidad que merece cualquier mujer. He ahí su gran atractivo. La situación, por ejemplo de indefensión en la que se encontró Jesús, cuando todo un pueblo intenta apedrear a la mujer adúltera. Nos admira que, más allá de los respetos humanos, el Señor sale al encuentro de un corazón herido y arrepentido, en este caso el de una mujer, que es la única “condición” que pone la misericordia de Dios.

Las mujeres, en la época del Señor, no gozaban de todos los derechos y prerrogativas de los varones, ni se les permitía protagonismos excesivos. Sin embargo, en el acontecimiento más importante de Jesús, su pasión, muerte y resurrección, vemos dos hechos significativos. Por un lado, aquellas mujeres que permanecieron con fidelidad junto a la Cruz del Señor, mientras las promesas de sus discípulos se hacían añicos con su cobarde huída. Por otro, cómo Jesús dio la primicia de su resurrección a esas mujeres que fueron a embalsamar su cuerpo, y las primeras en anunciar a los discípulos el milagro. En todo ello, vemos el premio con que Dios recompensó la fidelidad de unas mujeres, sólo fundamentada en un amor auténtico y sin fisuras.

Hay que descubrir en la Virgen María la escuela donde Jesús aprendió el verdadero trato con las mujeres: discreción, cariño, prudencia… La madre de Dios, además, es signo de fortaleza, ya que en los momentos más difíciles sólo una mujer puede demostrar su saber estar, sin miedo al dolor o al qué dirán.

De Mater Dei  www.mater-dei.es

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María y la corona

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 Acaban de dar sepultura a Jesús. María envuelve en un lienzo la corona de espinas y se recoge en la casa de unos amigos. Allí, a la luz de Dios, mira este instrumento de dolor. Su mirada se pierde entre las espinas buscando la carne doliente de su Hijo. Su corazón se contrae  ante el pecado. Es el primer Viernes Santo por la noche; en la oscuridad en la que el mundo está sumergido María contempla y ora, espera y ama. Su fe en Dios es absoluta, Él que será Rey tenía una corona de espinas. Ella empieza a comprender que su Hijo reina sobre el dolor, el pecado, ¿la muerte? ¡Oh Dios mío! ¡Es verdad! reinará sobre la muerte. Va a volver ¡Aleluya!

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Búsqueda

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No busques en Internet lo que puedes encontrar dentro de ti. Viaja a tu interior y después difunde lo que viste, oíste,sentiste y percibiste a todo el mundo.

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El hijo pródigo y el otro hijo

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¡Ay Padre! Perdónanos por no amarte. Ninguno de tus hijos de amaba y ninguno se parecía a Ti. Encerrados en si mismos, cada unos de ellos atendían a la herencia que perece e ignoraban la riqueza que tu les ofertabas.

¡Ay Padre! Perdóname a mí porqque yo soy los dos hijos en uno. Mi corazón, endurecido por el pecado se cierra a tu Amor. Ayúdame a convertirme a Ti y amarte. Aún se escucha la voz de S Francisco que a través de los siglos  clama: “El Amor no es amado”. Ten piedad de mi falta de amor, ten piedad.

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Nuestra Señora del Sagrado Corazón

Patrona de la GH

Observa la imagen de María. En su mano derecha tiene el Corazón de Jesús y lo muestra para que tú entres en Él. Su mano izquierda hace de trono del Señor. Su manto tiene el color del cielo creado por Dios y su vestido es del color del amor. Sobre si cabeza una corona con estrellas, heredera de la promesa hecha a Abraham. Sus pies pisan a Satanás y no le dejan levantar cabeza.

Jamás mujer alguna fue tan libre en la historia de la humanidad. María la mujer libre en su totalidad y en esa libertad, y haciendo uso de ella, se entrega a Dios.

María, la única sin mancha, la reina sobre el mal.

Dios le dio mucho poder a María porque Dios es dueño de él y lo da a quien Él quiere. ¿Quienes somos nosotros, caídos en el pecado para cuestionar las decisiones de Dios?

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Sabiduría

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Primera Lectura de la Eucaristía de hoy
Santiago 3, 13-18

Hermanos míos: ¿Hay alguno entre ustedes con sabiduría y experiencia? Si es así, que lo demuestre con su buena conducta y con la amabilidad propia de la sabiduría. Pero si ustedes tienen el corazón amargado por envidias y rivalidades, dejen de presumir y engañar a costa de la verdad. Esa no es la sabiduría que viene de lo alto; ésa es terrenal, irracional, diabólica; pues donde hay envidias y rivalidades, ahí hay desorden y toda clase de obras malas.

Pero los que tienen la sabiduría que viene de Dios son puros, ante todo. Además, son amantes de la paz, comprensivos, dóciles, están llenos de misericordia y buenos frutos, son imparciales y sinceros. Los pacíficos siembran la paz y cosechan frutos de justicia.

 

Meditación

En el mundo de las universidades, y en general en nuestro medio, es fácil confundir la sabiduría con la inteligencia, cuando que estas dos cosas son totalmente distintas, ya que la inteligencia tiene que ver con nuestras capacidades mentales, mientras que la sabiduría tiene su fuente en Dios mismo.

La primera nos ayuda a destacar en la escuela y en general en el mundo, mientras que la segunda es realmente la fuente de la felicidad, como lo vemos en el texto que nos presenta hoy la liturgia. Veo hoy cómo hay mucha gente que se pasa horas en las bibliotecas, estudiando, investigando; gente que busca por diferentes formas sobresalir intelectualmente y tener el mayor conocimiento del mundo para ir tomando puestos en la sociedad y en el gobierno, más importantes y mejor remunerados, y no es que esto esté mal, el problema estriba en que muchas de estas personas dedican poco o nada de tiempo a complementar esa inteligencia de las cosas, con la sabiduría divina, dedican poco tiempo a la oración y a la meditación de la Palabra de Dios.

Esto hace que sus decisiones no cooperen para el enriquecimiento de la sociedad, y sobre todo, para crear un mundo en donde haya más amor, más paz y más justicia. Es pues importante crecer en el conocimiento humano, pero lo es más, crecer en la sabiduría divina, pues ésta, al final del día, es la que nos proporcionará los criterios que mantendrán en equilibrio nuestra vida y nos permitirán conocer el pensamiento de Dios. Así pues, balancea adecuadamente tu vida.
Pbro. Ernesto María Caro

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